
JOSÉ F. RUIZ
Se escucha con frecuencia, actualmente, que el desamor alcanza alturas desmesuradas. Al parecer, procedan de donde procedan; precisamente los que provienen de las conocidas desavenencias matrimoniales o de parejas en sus distintas situaciones, no controlan con exclusividad las infidelidades, los celos, etcétera, intento hacer hincapié en aquellos que vienen derivados de los profesionales, de los roles que cada uno desempeña aquí y allá; en muchos casos, algunos ostentan cargos de elevado reconocimiento y suelen volver "algo tonto/a a quien los ejerce" muy a menudo, no siquiera aman lo que hacen. En la medicina por ejemplo, a la que muchos no aman pese a que viven de ella y los demás necesitamos de ésta, la tratan desde la ambición, la materialidad y no cambian de color aún cuando son capaces de prestarse a entrevista en la televisión, la radio, la prensa en general que a Dios gracias hacen que muchos de estos profesionales, pongan de manifiesto su desatención facultativa. Defienden muchas veces las enormes listas de espera, la escasez de especialistas, las huelgas sin sentido, etcétera, etcétera.
En este mundo actual, el excesivo consumismo les hace perder identidad, sensibilidad y hasta el saber estar. Todos tienen derecho a pedir más pero nunca a costa de los demás. El pedir no es parcela exclusiva del llamado médico; ello es algo a lo que cualquiera tiene derecho valga la redundancia. Pero señores, organícense mejor y para toda la vida. Pongan en marcha aquello para lo que os formasteis... a eso también le llamo desamor.
Se escucha con frecuencia, actualmente, que el desamor alcanza alturas desmesuradas. Al parecer, procedan de donde procedan; precisamente los que provienen de las conocidas desavenencias matrimoniales o de parejas en sus distintas situaciones, no controlan con exclusividad las infidelidades, los celos, etcétera, intento hacer hincapié en aquellos que vienen derivados de los profesionales, de los roles que cada uno desempeña aquí y allá; en muchos casos, algunos ostentan cargos de elevado reconocimiento y suelen volver "algo tonto/a a quien los ejerce" muy a menudo, no siquiera aman lo que hacen. En la medicina por ejemplo, a la que muchos no aman pese a que viven de ella y los demás necesitamos de ésta, la tratan desde la ambición, la materialidad y no cambian de color aún cuando son capaces de prestarse a entrevista en la televisión, la radio, la prensa en general que a Dios gracias hacen que muchos de estos profesionales, pongan de manifiesto su desatención facultativa. Defienden muchas veces las enormes listas de espera, la escasez de especialistas, las huelgas sin sentido, etcétera, etcétera.
En este mundo actual, el excesivo consumismo les hace perder identidad, sensibilidad y hasta el saber estar. Todos tienen derecho a pedir más pero nunca a costa de los demás. El pedir no es parcela exclusiva del llamado médico; ello es algo a lo que cualquiera tiene derecho valga la redundancia. Pero señores, organícense mejor y para toda la vida. Pongan en marcha aquello para lo que os formasteis... a eso también le llamo desamor.
Fuente: www.laopinion.es
1 comentarios:
Es muy bonito
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